Las Dificultades de Comer Sanamente en la Cultura Latina

Las Dificultades de Comer Sanamente en la Cultura Latina


No es ningún secreto, que a los latinos nos encanta comer. De hecho, la mayoría de nuestra cultura, en mi humilde opinion, proviene y está centrada en la comida. ¿Qué pasa si alguien se casa? Engordamos a los puerquitos para hacer carnitas. ¿Si alguien muere? Se hace pan dulce. ¿Si te sacaste un 100 en un examen? Bueno, no sé tú pero mi mamá me hacía pozole. El chiste es, todo lo bueno y lo malo lo celebramos con comida.

De alguna forma, es una forma para sentirnos conectados con aquellos parientes fallecidos que con tanto amor y cariño nos daban la mejor parte de sí mismos. Esas recetas tan celosamente guardadas, son los premios mayores de la familia, y si eres digno de ellas, pasarán a tus manos. No hay medidas fijas, ni una forma exacta de medir “una pizca de pimienta.” De hecho entre los latinos bromeamos que la forma de medir es hasta que los espíritus de nuestros ancestros nos digan, “Ya, mija(o).” De vez en cuando se nos pasa la mano, pero meh, que le hace.

Pero los latinos somos muy tradicionalistas, es decir, nuestra comida está compuesta de muchísima grasa, sal, proteínas y carbohidratos complejos. Es como la fórmula secreta, si no tiene todo, no sabe igual. Con razón los países latinos tenemos el nivel más alto de personas diabéticas, obesas y con colesterol alto. En parte por genética, o por comida rica y sobre-saturada de nutrientes que nos hacen más daño que bien. Mi propio México tiene una de las mas grandes poblaciones obesas con casi 33% de gente adulta padeciendo de este mal.

Desde que empecé a practicar un régimen alimenticio más saludable, entendí el daño que realmente me causaba el comer mi comida favorita en exceso. De alguna forma me sentí en conflicto conmigo misma. ¿Cómo chingados le iba hacer para comer saludable y no perder mis costumbres? Francamente, no encontré una respuesta que me hiciera felíz. El estar lejos de mis padres también dificultó la situación, ya que ellos comen comidas tradicionales más frecuentemente y añoraba poder compartir una cena con ellos.

No quería deshacerme de esa parte de mi vida, especialmente porque el sazón que tiene la comida la verdad, no tiene madre. Entonces, resolví el problema así: a las horas de comer comida típica, la iba a modificar. Si es que después de una noche de parranda vamos a los tacos, pido un taco menos de lo que sé que puedo comer, sin doble tortilla (“sin copia” como decimos en México), y una orden extra de rábanos y pepinos. Así controlo los carbohidratos complejos y el consumo de grasas.

Pero no siempre es tan fácil; no es lo mismo comer en restaurantes que comer en la casa de una tía, cuando al festejar el cumpleaños de un primo, todas las tías se juntaron desde el día anterior para preparar la comida. Es el cuento de nunca acabar:

“¿Cuánto te sirvo, mija?”

“Un poquita de todo tía.”

“Ah. ¿Estás a dieta o qué?”

“No tía.”

“"Pareces palo. ¿Qué, no te dan de comer en tu casa?”

“Sí tía, pero me estoy cuidando.”

“Mija, de ésto no hay todos los días”

Y con eso me atrapaban. ¿Cómo decirle no a la comida que tanto se esforzaron en hacer? Sería una bofetada, y como para quedar como la sobrina irrespetuosa, como que no. Okay, entonces ahí iba con mi plato repleto de comida. A la hora de sentarme, me quedaba viendo el plato y pensaba, “¿Ahora qué pedo?”

No podía dejar la mayoría de la comida en el plato. Tienen perro, ¿y si le doy lo que no me como al perro? No, se van a dar cuenta. ¿Y si me aguanto, y me la trago y ya? No. Me voy a sentir mal mañana por toda la comida. La única solución era, comer lo más pudiera. Lo que deje en el plato simplemente será un testamento de mi intento honesto de comérmelo todo. Al final del día esta comida está en mi cuerpo.

Después de hacer esto unas cuantas veces, llegué a la conclusión de que de todas maneras me permito tener unas cuantas comidas “chatarra” a la semana. Y si con anticipación sabía que iba ir a una comida donde sabía que la comida iba ser tradicional, podía planear mi semana. El día del evento, procuraba comer todavía más sanamente para crear un balance. ¡Así no me siento mal por comer todo lo que quiera porque ya lo tenía planeado!

En realidad sí es difícil tener un balance, pero no es imposible. Se trata de hacer modificaciones lo mas que se pueda. En una comida saludable, a los vegetales o al pollo asado se le puede poner el mismo sazón pero en moderación. Así, las mejores partes de los dos mundos se unen para crear hábitos saludables pero sobre todo, hábitos que no cambian las partes fundamentales de nuestros seres … nuestra cultura.